Año del Perro 2006

Saturday, February 18, 2006

EL AÑO DEL PERRO 2006

Parece que fue ayer que entró el nuevo año chino, el del Perro. Ha transcurrido una quincena desde entonces y los políticos españoles parecen ser los mejores indicadores del barómetro de este año del zodiaco chino.

El Año del Perro prevé el desarrollo del idealismo y la aparición de fuego, con sus movimientos en la Naturaleza en general. De la fuerza del Gallo en 2005 deberíamos pasar a la lealtad y solidaridad del 2006, aunque no por eso dejará de haber sobresaltos por los cambios climáticos o las luchas fratricidas. Lo que debe ser más destacable es que 2006 significará la defensa de los derechos del hombre en su hábitat.


La escena política española apenas perdió fuerza en los últimos días del 2005 y el comienzo del 2006, con los partidos enzarzados en una voluntad de arrojarse cualquier tema con tal de sacarle provecho político. Cada partido ha movido pieza de modo interesado sin que se libre nadie. Lo que ya el ciudadano sabe diferenciar es cuando los hechos se hacen en nombre de un partido y sus intereses, y cuando el asunto es “de estado”, por lo tanto siendo algo más que un rifi-rafe partidista.

Como experto en estrategia y relaciones humanas, he tomado especial nota de cada movida por el mero interés de llegar a una conclusión imparcial sobre quien mueve mejor sus piezas sobre el tablero. No sólo los dos grandes partidos juegan en esta partida, como se ha hecho patente. Por ese motivo, creo que el análisis debe también tomar en cuenta a los partidos minoritarios que han aportado su granito de arena al amasijo político en este Año del Perro de Fuego. De menor a mayor, paso a analizar mis impresiones.

Hay dos temas estrella que han servido de excusa para el encarnizado debate político, el trámite del Estatuto de Cataluña y la posible paz en Euskadi. Curioso aunque nada extraño que ambos temas estén vinculados a asuntos con sus colores nacionalistas, dando su lógico protagonismo a lo partidos minoritarios de las respectivas regiones autonómicas afectadas.

Por parte de Cataluña, el esfuerzo partidista de alcanzar un pacto entre cuatro partidos de corte catalanista para poder presentar un texto al Parlamento Español dejó aislado al único partido en Cataluña que detenta una política españolista. Esta división clara no era más que una continuación de la marcada diferenciación ya mostrada en el transcurso de la primera mitad del ejercicio de gobierno del vencedor en las elecciones del 14 de marzo de 2003. PSC, EU-ICV y ERC ya actuaban como uno al haber formado gobierno en la Generalitat de Catalunya. Sin embargo, su pacto debía estar respaldado por un cuarto partido, CIU, si se deseaba presentar una imagen de unión en el Parlamento Español. Conseguido el propósito contrarreloj, el PPC se quedaba totalmente marginado de cualquier protagonismo en Cataluña.

Nadie puede recriminar a unos partidos legitimados en todo el Estado Español a defender intereses regionalistas y autonómicos, de acuerdo a los derechos otorgados hace más de un cuarto de siglo en la Constitución Española de 1978. El mero hecho de cuestionar la capacidad de esa potestad es una grave falta a las reglas democráticas establecidas en aquel consenso sensato de los políticos de tendencias dispares que “parieron” una constitución pactada según las tendencias del momento hace ya 26 años.

Cada partido, según estrategias partidistas, defendió su postura de acuerdo a sus propios programas políticos y los intereses de sus respectivos electorados. El foro de debate del texto de L’Estatut fue el Parlament de Catalunya y su aprobación correspondía a ese órgano político autonómico, a ningún otro. Una vez aprobado, debía seguir un proceso que ya se ha iniciado en el Parlamento Español. Ahora corresponde a los políticos del Estado Español a tramitarlo, aprobarlo o rechazarlo. Todo lo demás, debates, publicidad a favor o en contra, recogida de firmas para solicitar un referéndum de dudosa legalidad, no son nada más que efectos de marketing para distraer la atención del morboso o el desinformado hacia pensamientos pueriles y nada serios.

El PSC defiende una lógica postura de posicionamiento dentro de otro más amplio estatal en el PSOE. Los puntos de desencuentro se airearon sin pudor, cosa que resulta sano para la democracia, no sólo del partido estatal sino también del entorno político en general. Nos limitamos en este momento a los efectos dentro del propio PSC, en el entorno autonómico. El President Maragall necesitaba la aprobación de un texto y trabajó en esa línea. Nadie podrá negar su legítimo derecho a ejercer como President del Tripartito el cumplimiento de un compromiso tanto electoral como de gobierno.

ERC creció en las últimas elecciones autonómicas en detrimento de otros partidos nacionalistas precisamente basado en su defensa de un nuevo Estatut para Cataluña. Por lo tanto, estaba en su derecho de luchar por conseguir su propósito. La defensa de su línea más independentista es comprensible aunque no necesariamente compartida. Cualquiera que conozca algo de la política en Cataluña sabe que ninguno de los partidos nacionalistas sinceramente pretende poner el peligro ni la estabilidad económica de esa región autonómica ni tampoco la estabilidad política del Estado Español. ERC podrá ser republicana hasta enarbolar banderas independistas pero nadie en su sano juicio podrá acusarle de deslealtad a la Constitución Española, gracias a la cual esta ejerciendo los derechos como partido legitimado.

EU-ICV seguirá su línea pactada, siempre insistiendo en lo acordado por “Los Verdes” en relación con el contenido ecológico de cualquier actuación. El Año del Perro les hará más rabiosos defensores de los derechos del ser humano a la protección del medio ambiente, lo que puede significar que no acepten algunos actos con partidos nacionalistas más inclinados a la permisividad ecológica a favor de políticas económicas neo-liberales.

CIU es una amalgama de intereses que a veces muestran sus “trapos sucios” sin querer, precisamente por dos líneas que han sabido convivir, no sin algunos chispazos entre sus líderes. El afán de protagonismo de algunos es bien notorio y la necesidad de estar en primera fila vital para la supervivencia de unos cuantos. En realidad, nadie ha suplido a Jordi Pujol en popularidad en Cataluña, a pesar de las sombras que cayeron sobre los últimos momentos de su mandato. Mientras que CDC siempre ha cerrado filas alrededor de Pujol en todo momento, me pregunto si Artur Más disfrutará de esa misma lealtad alrededor de su figura en estos momentos tan cambiantes. Cierto que Más se ha marcado un tanto pactando L’Estatut con el Presidente Rodríguez Zapatero, reflejado en la subida de intención de voto para CIU aunque precisamente por ese protagonismo probablemente haya debilitado la cohesión interna entre UDC y CDC. Una vez tramitado L’Estatut, según el éxito o fracaso global, CIU podrá cosechar su parte en justa medida.

Habría que decir que si hay algún partido catalán más afín con La Caixa, probablemente ese sería Unió (UDC), con una participación activa de algunas personalidades que en su día ocuparon puestos en La Caixa o actuales dirigentes de la entidad financiera simpatizantes de esa opción política democristiana. Por parte de Convergencia (CDC), las relaciones pueden estar más diluidas de lo que se piensan y finalmente, el PSC debe de tener sus lazos lógicos, sobre todo por el hecho que haya figuras catalanas de ese partido en actividades administrativas vinculadas a ciertos sectores industriales. Esto no debe sorprender a nadie ni levantar ampollas porque lo mismo sucede en Madrid entre la otra gran caja de ahorros, Caja Madrid, los sectores políticos en el poder y los empresarios de la Comunidad de Madrid.

Por último, el PPC nada en aguas turbulentas y bastantes difíciles. El aparente intento de mostrar una única cara ante la polémica del Estatut no engaña a nadie. Hay diferencias de criterio y hasta se puede decir que deben existir serias discrepancias que se han quedado soterradas “por el bien del partido”, lo que no implica que ocasionalmente haya evidentes actuaciones de disimulado enfrentamiento. Así se volvió a hacer patente ante la presencia de Eduardo Zaplana en un acto, donde Josep Piqué fuera abucheado. Alguien marcará las consignas porque en un partido tan disciplinado, hasta el punto de expulsar a cualquier disidente, no cabe otra explicación de semejante actuación contra el mismísimo President del PPC.

En su conjunto, Cataluña ofrece un interesante panorama donde la tendencia nacionalista no es la que sobresale sino más bien su preferencia por el centro izquierda. Ni es una región separatista ni se puede demostrar que pretenda beneficiarse a costa de otras regiones españolas. Mucho tendrían que cambiar las cosas en el día a día político para que cualquiera de estas dos premisas pueda materializarse.

El panorama del País Vasco ha seguido una progresión distinta desde que hace casi un año, el Lendakari acudiera al Congreso de los Diputados con el célebre Plan Ibarretxe. Además, llevamos casi dos años del actual gobierno, numerosas detenciones de etarras y ni un solo muerto en todo este tiempo.

El PNV es un partido con historia y proyección que ha fundado sus acciones presentes en sus criterios democristianos, bastante afines en algunos conceptos con Unió (UDC) pero agobiados por su imposibilidad de resolver el problema del terrorismo en el País Vasco. Sin lugar a duda, el PNV ostenta la representación de una parte relevante de la sociedad vasca, lo que hace improbable que una solución se alcance sin contar con su apoyo.

Por su parte, el PSE se ganó su parte de apoyo de los sectores laborales vinculados a las numerosas industrias en ese territorio. Hay que recordar que el sindicato UGT renació después de la muerte de Franco precisamente de manos de un vasco, Nicolás Redondo. El resto de la izquierda trabajadora se agrupó alrededor de otra sigla de izquierdas, IU aunque se puede decir que las vinculaciones de ambos partidos vascos a sus partidos centrales en Madrid y su falta de tirón nacionalista dejó abierta la opción a los aberzale a unirse en las distintas opciones que han ido cambiando de siglas, por tesituras de los tiempos políticos y pactos entre el PNV y los partidos mayoritarios nacionales.

El PP en Euskadi ha sufrido altibajos según los vientos que hayan soplado en la dirección del País Vasco y los pactos alcanzados con el Gobierno de Madrid en la etapa aznarista. Lo que nadie puede obviar es el hecho que el movimiento de escaños entre los partidos es escaso o nulo, lo que significa que los vascos tienen sus ideas bien definidas y sus preferencias establecidas.

Después esta la ilegalizada HB, que tras el Pacto Anti-Terrorista se encontró defenestrado de la escena política, en gran parte por su propia actuación que puede haber incurrido en actos nada lícitos según la Constitución vigente. Lógico es de esperar que no se quedaran quietos e instaran a otros a actuar con sus consignas, de allí la presencia de un nuevo partido, EHAK, autorizada en la última etapa del Gobierno presidido por Aznar.

Tampoco debemos olvidar a las víctimas ni debemos marginar a las familias de los presos etarras. Todos ellos tienen derechos pero sin olvidar que primero están sus obligaciones, como cualquier otro ciudadano de a pie. Esto es lo que parece que algunos partidos en Euskadi desean obviar en muchos de sus discursos, causando estériles discusiones que no conducen al entendimiento sino al mantenimiento de las heridas abiertas, con el cultivo infeccioso de rencillas y odios.

Aún cuando L’Estatut y la pacificación del País Vasco son asuntos de relevancia, me he preguntado hasta que punto se hace necesario sacar cada tema fuera de sus respectivos contextos políticos en una legislatura estatal que ni siquiera ha cruzado su meridiano. Evidentemente, aquí es donde entran en escena las respectivas tácticas o estrategias de los dos principales partidos del Estado Español, el PSOE y el PP.

Mientras el PSOE se ha lanzado en la conquista de cuantos hitos pueda en sus compromisos de partido ante las elecciones del 14 de marzo del 2003, el PP pretende que el margen de ventaja que les sorprendió en aquellas elecciones quede pulverizado y si fuera posible, las tornas cambiadas a su favor. Hasta allí las legítimas aspiraciones de los respectivos partidos.

Justo sería decir que ni el PSOE soñaba en ganar con esa holgura ni el PP pensara siquiera perder el ejercicio del poder. Por lo tanto, ambos partidos se vieron sorprendidos por nada menos que la propia reacción del pueblo llano. No hay que entrar en análisis sociológicos ni políticos a estas alturas. Hay que comprender simplemente que de esa sorpresa acumulada, agradable para unos y demoledora para los otros, nacen los respectivos trazados de sus actuaciones políticas al día de hoy.

A mi juicio, el PSOE tuvo que reaccionar con rapidez para formar un equipo de Gobierno que pudiera hacer frente a sus promesas electorales. Seguro que nadie en la calle Ferraz dudó que con esa victoria todo arrancaba cuesta arriba. El reto estaba planteado y no había marcha atrás. Por su lado, los del PP tardaron mucho en reaccionar, quizá demasiado. Hasta he llegado a pensar que pudo haber habido recriminaciones en voz baja entre las filas. Ambos partidos mostraron dos debilidades tan frecuentes entre nosotros, los españoles, los del PSOE improvisando y los del PP buscando culpables y no soluciones.

El tiempo corre para todos y después de casi dos años desde las elecciones del 14 de marzo, todos hemos disfrutado del mismo tiempo para emplearlo del modo que cada cual haya decidido.

Transcurrido este tiempo, la diferencia entre el PSOE y el PP radica en que el primero tiene aún dos años de legislatura para seguir en el poder mientras que el segundo escucha con desdén el tic-tac del reloj. El paso de su tiempo parece marcar como se agotan las oportunidades de derribar al contrario. Muchos me dicen que algo importante ha conseguido el PP al desgastar al PSOE hasta rebajar la diferencia a algo más de un punto, pero siempre les insisto que las elecciones no son para hoy, ni siquiera para mañana. Mientras tanto el líder socialista y actual Presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, sigue siendo el político mejor valorado. Sin embargo, el titular de la Presidencia del PP jamás ha superado ese listón del suspenso que mantiene desde que fuera candidato en las últimas legislativas. A mi criterio, eso sí que es una mala noticia para el partido de la oposición. O bien, D. Mariano Rajoy no tiene tirón para subir más o es que hay alguna mano negra que intenta mantenerle donde está.

Lo que ya escribí convencido en anteriores blogs sigue siendo una triste realidad. Nos falta en este escenario político, personalidades de cierta talla parlamentaria que además ejerzan sus responsabilidades como parlamentarios con ética profesional. El rifi-rafe desde la tribuna de oradores debe abarcar todo el contenido de los debates de los asuntos candentes, porque ese es el escenario para que discutan los temas. El llevar con cierta malicia el debate político al nivel de la calle con artilugios de marketing como si de una promoción consumista se tratara, tarde o temprano explotará en las manos de los que emplean estos métodos. Véanse casos como los espinosos temas sobre la invasión de Iraq y todas sus atrocidades en países de corte democrático como Estados Unidos o el Reino Unido, y las reacciones del pueblo a maniobras propagandistas de gobiernos en el poder.

En España, ni el PSOE es el causante de todos los males de hoy ni el PP el único partido capaz de enderezar todas las situaciones. Yo diría que todo lo contrario. Unos y otros tienen que mirar con mejor visión sus respectivos papeles y admitir sus realidades partidistas con cierta honradez. El español medio no es ni incauto ni bobo, como algún que otro político pueda creer. Simplemente a veces esta mal informado, precisamente por la falta de profesionalidad tanto de los muchos políticos como de otros tantos medios de comunicación partidistas. Me parece amoral, por ejemplo, que en una región un partido ataque a otra región. Si no es un delito por eso tan de moda de “la libertad de expresión”, pues diré que me parece vergonzoso que cualquier partido o medio de comunicación haga “apología del odio”, contra quien sea.

Cuando voté en las últimas elecciones, elegí a unas personas en quien deposité mi propio derecho de gobernar España. Confié en alguien, del partido que fuere para hacer aquello que no puedo hacer en persona. Delegué en quien confié. Ahora veo que ni unos ni otros parecen estar por la labor de trabajar basándose en confianza, la confianza que emana de nosotros, los ciudadanos de a pie. Se enzarzan en disputas partidistas y olvidan que cobran sumas importantes en concepto de sueldo y gastos, a costa de los impuestos que pagamos TODOS los españoles. Sin embargo incumplen con su trabajo, el de debatir y legislar.

TODOS tenemos derechos pero primero habría que cumplir los deberes como españoles - políticos, empresarios, trabjadores y ciudadanos de todas las edades. La sociedad española tiene sus "reglas de comportamiento" que conceden el gobierno a aquellos que son elegidos y el mando a aquél que tiene el respaldo de la mayoría de diputados en las Cortes. Cualquieras otras proporciones no me valen. No son las que la Constitución que voté hace ya más de un cuarto de siglo fijan y legitiman. O aprendemos a aplicar el mismo rasero de medir, nos convenga o no el resultado, o estamos siendo desleales con nosotros mismos, y por lo tanto con nuestros conciudadanos.

Si el Año del Perro es el del idealismo, a ver si Sus Señorías vuelven a centrarse para lo que se les paga a hacer - legislar, gobernar y dialogar - para el bien de todos los españoles. Dejémonos de iniciativas necias e inútiles que acabarán costando más dinero al erario público. Hagamos cosas más asertivas a favor de los ciudadanos, que estamos más preocupados en seguir teniendo el Hoy, para poder seguir estando ocupados en sus respectivos trabajos en el Mañana.